Artículo: Educar en Clave de Hospitalidad

EDUCAR EN CLAVE DE HOSPITALIDAD:
EL VALOR DE LA HOSPITALIDAD  EN LA FORMACIÓN DE LOS PROFESIONALES QUE ACTÚAN EN LA ATENCIÓN DE PERSONAS CON SALUD DISMINUIDA

Luis Alexander Márquez Jiménez
Asociación Civil El Aula de los Sueños-Hospital San Juan de Dios
Caracas-Venezuela

lamarquez@pedagogiahospitalaria.net

 

RESUMEN
La hospitalidad es una capacidad antropológica que propicia la acogida y el acompañamiento a la persona que sufre una situación de enfermedad.  Es un valor humano universal que debe promoverse en diversos ámbitos hospitalarios. A través de este artículo queremos realizar una reflexión acerca de la importancia que tiene el valor de la hospitalidad en la capacitación permanente de los profesionales de los servicios de salud, ya que nuestra tarea como pedagogos y educadores dentro de los hospitales es garantizar los derechos de los alumnos-pacientes.

Descriptores: Hospitalidad, acompañamiento, educador, formación profesional

ABSTRACT
Hospitality is an anthropological capacity that fosters acceptance and supporting a person suffering a disease situation. As a universal human value that should be promoted in various hospital settings. Through this article we want to make a reflection about the importance of hospitality value in the ongoing training of professional health services, as our task as teachers and educators in hospitals is to ensure the rights of student-patients.

Descriptors: Hospitality, support, educator, vocational training

1. A PROPÓSITO DE LA HOSPITALIDAD
Adentrarnos en el análisis del significado del término hospitalidad[1] podría llevarnos a una larga reflexión en torno a este tema, con lo cual queremos dejar claro que este no es el objetivo de esta comunicación, sin embargo quisiéramos detenernos un momento para precisar algunas cuestiones referidas al mismo, en cuanto que constituye la base del planteamiento posterior.
Para entender el concepto de hospitalidad, debemos remitirnos a la alegoría de la relación entre el anfitrión y el huésped:

Esta “Nos habla de las relaciones que se establecen entre un huésped y aquella persona que lo acoge (el anfitrión o anfitriona) En esas relaciones hay obligaciones y responsabilidades. El huésped y el anfitrión están en mutua relación: no existe el uno sin el otro” (Espiritualidad de la Orden Hospitalaria, 2004:50)

En el concepto de hospitalidad se manifiesta implícitamente el juego relacional que se establece entre estos actores: por un lado el anfitrión que brinda acogida y accede a recibirlo, por el otro, el huésped que siendo extraño, desconocido y lejano necesita ser acogido, recibido y cuidado en la casa del anfitrión.
A partir de esto, cabe decir que la hospitalidad es vivenciada como una relación antropológica fundamental, ya que se da sólo en el contexto de las relaciones humanas y que se fundamenta en la doble dimensionalidad de una misma realidad, y que esta realidad se revela tanto en la persona que acoge como en quien es recibido. Es por ello que afirmamos que “La hospitalidad es, ante todo; la capacidad de la persona de abrirse y acoger al otro” (Espiritualidad de la Orden Hospitalaria, 2004:39)
Esta dimensión antropológica implica que exista una apertura personal del hombre hacia el mundo, es decir, hacia el entorno que lo rodea. Cuando la persona anfitriona reconoce y recibe a la persona que es el huésped, está realizando un proceso de descubrimiento y reconocimiento particular del mundo que está a su alrededor.
En un primer momento, es necesario que el anfitrión reconozca en el huésped todas las condiciones ontológicas que delimitan su esencia como persona y que lo caracterizan como tal, ya que en ese reconocimiento ontológico-existencial se ofrece y posibilita el respeto por la dignidad de la persona humana y el respeto por la vida misma en todas sus manifestaciones. (Carta de Identidad de la Orden Hospitalaria, 2000:45)
Esta dimensión relacional fundamental, se sustenta sobre la base de unas consideraciones éticas y morales determinantes, que se explicitan con una disposición particular de acompañamiento que debe realizarse a medida y que además incluye reglas, valores y principios universales, revestidos de respeto y aceptación por lo diverso. (Plá, 2007)
Ser hospitalario implica, entonces, posibilitar un espacio relacional de acogida al desconocido, y que exige reconocer la dimensión ontológica del ser humano sobre la base del respeto por la vida y la dignidad de la persona humana.
Es así que la hospitalidad se maximiza en el caso de la acogida y la atención de la persona con salud disminuida y su familia dentro del entorno de los servicios de salud.

2. LA HOSPITALIDAD Y EL CONTEXTO HOSPITALARIO
En el sentido de lo dicho anteriormente, el contexto hospitalario ofrece y posibilita una multiplicidad de relaciones humanas en torno a la situación de salud y de enfermedad. Sean asistenciales o de apoyo psico-social, estas relaciones deberían realizarse desde la acogida y el acompañamiento, es decir desde una perspectiva de hospitalidad, ya que en la mayoría de los casos, el paciente-usuario, es decir el huésped, necesita ser reconocido, atendido y cuidado por los profesionales, que en este caso serán los anfitriones,  que trabajan en el hospital, porque, como advierten Violant, Molina y Pastor (2009:34)

“La situación de enfermedad y hospitalización  comporta unas necesidades de atención médica, psicosocial y educativa específicas derivadas de dicha situación/…/ dichas necesidades se caracterizan por ser cambiantes, diversas e imprevisibles”

La realidad de los centros de salud es agresiva por naturaleza, debido a factores internos propios de los hospitales. El ingreso al hospital representa para el usuario una serie de experiencias que desestabilizan la normalidad de su vida, por ello se hace vulnerable ante esta situación.
En este sentido Serradas (2009:51) comenta que “El hospital es por un lado un sitio desagradable donde el cuerpo es sometido a intervenciones dolorosas y por otro un lugar que debe proporcionar alivio y curación.”
Dentro del ambiente hospitalario, las señales que percibimos, casi siempre son las del dolor y el sufrimiento, ya que la situación de enfermedad, por pequeña y temporal que sea, hace que las personas deban someterse a procedimientos médicos y quirúrgicos dolorosos. Esto trae como consecuencia que el ambiente en el que nos desenvolvemos no sea precisamente el ideal.
Más allá de esto, aun no hemos superado algunas concepciones antropológicas que refieren a la enfermedad sólo en el orden de lo físico y biológico. Aun luchamos con estructuras rígidas que no permiten ver que más allá de la situación de enfermedad específica que afecta una parte determinada del cuerpo, existe una persona que padece, siente y sufre en todas sus dimensiones las consecuencias de esa enfermedad y que, en muchos casos, tiene el añadido de ser niño, niña o adolescente. (Cardone y Monsalve, 2007)
El contexto hospitalario en Latinoamérica nos ofrece un panorama muy particular de déficit y carencias tanto estructurales como organizacionales, las cuales están ligadas a las realidades sociales difíciles que atraviesan los países de nuestro entorno, esto trae consigo una dificultad añadida a los procesos de hospitalización y por consecuencia, atenciones y relaciones que no siempre son las más adecuadas.
Todo esto debilita las estructuras organizacionales. En tal sentido, los usuarios, muchas veces se sienten agredidos, invadidos y privados de sus derechos. No negamos el principio de beneficencia y de profesionalidad en la atención de los usuarios y sus familias, sin embargo, cada vez más  sorprende que la calidad de la atención a los usuarios desmejora, lo cual propicia un rechazo obvio a todo lo que tenga que ver con el hospital.
Es aquí donde adquiere sentido las relaciones de acompañamiento construidas sobre la base de la hospitalidad. Ya que el profesional que acoge al paciente en el hospital se hace anfitrión, ofreciéndole sus conocimientos, experiencia profesional y respeto. Para Cardone y Monsalve (2010:67) “El hospital y su personal representan la posibilidad de volver a ser quien se era antes de enfermar.”
El cambio en las estructuras, tanto conceptuales como reales, viene dado, en principio por la evolución hacia el modelo bio-psico-social de salud y de enfermedad (Violant, Molina y Pastor, 2009) el cual  ha influido en el reconocimiento fundamental de la persona como sujeto integral poseedora de derechos. Todo esto ha devenido en concepciones más humanizadas del concepto de hospital, lo cual ha implicado un avance sustancial en la dinámica hospitalaria.
Todo esta trasformación conceptual ha sido entendida por algunas organizaciones internacionales las cuales han promovido la prestación de servicios socio-sanitarios optando fundamentalmente por el respeto y cuidado de la dignidad de la persona humana, promoviendo la salud, luchando contra el dolor y el sufrimiento, a través de la buena gestión organizacional con criterios éticos definidos en la valoración del ser humano que sufre a consecuencia de una enfermedad, ya que es la persona humana el centro y razón de ser de los centros hospitalarios.

3. EL NIÑO Y EL HOSPITAL
Hemos hablado de las relaciones basadas en el valor de la hospitalidad y las implicaciones que puede generar en los entornos hospitalarios, además hemos realizado una mirada alzada por la propia realidad de la hospitalización. Sin embargo quisiéramos hacer algunos comentarios acerca de las implicaciones que trae consigo la estancia de pacientes pediátricos en el hospital.
La llegada de un niño, niña o adolescente al hospital trae algunas implicaciones particulares y unas respuestas específicas. Este hecho amerita una atención diferenciada y dirigida para que la permanencia y recuperación de la salud de los infantes y adolescentes pueda desarrollarse de una forma positiva y no traumática.
El hospital es para el paciente pediátrico un ambiente inusual, que propicia la interrupción de la actividad diaria, en donde se dificulta también el desarrollo de la autonomía e intimidad como derecho fundamental de toda persona, propiciando incertidumbre ante el contacto con lo desconocido y la ruptura familiar. (Serradas, 2009)

3.1. La enfermedad infantil

Violant, Molina y Pastor (2009:33) advierten que “la enfermedad y la hospitalización pueden ser una experiencia nueva o diferente para la infancia y la adolescencia que, como cualquier otra experiencia, necesita de explicaciones.”
Así mismo Lizasoáin (2000) comenta que “la enfermedad infantil se refleja como un fenómeno complejo, con un fuerte impacto social, psicológico y pedagógico sobre el niño y su familia.”
Todos estos factores de riesgo, propios de la enfermedad infantil, han llevado a que se favorezcan cambios importantes, tanto en la infraestructura hospitalaria, la cual se ha  adaptado a las particularidades psico-sociales de los niños, niñas y jóvenes con salud disminuida, así como en la incorporación y utilización de recursos didácticos, aulas y espacios educativos en los pisos y plantas de hospitalización pediátricas. En este sentido Lizasoáin (2007) señala que:

“El niño enfermo y hospitalizado precisa de su familia, del juego, de las actividades escolares, de la orientación y de la atención individualizada de todas sus carencias, a fin de evitar el retraso en su desarrollo y procurar, en la medida de lo posible, una vida normal acorde con su etapa evolutiva.”

4. LA FORMACIÓN PROFESIONAL DEL EDUCADOR HOSPITALARIO
En la actualidad, los educadores somos formados para trabajar en ambientes educativos convencionales. Para cualquier educador su alumno ideal es aquel que se manifiesta sano, con sus potencialidades y capacidades en desarrollo, pensamos en un infante o adolescente sin limitaciones, alegre y travieso. Casi nunca nos imaginamos un alumno ideal con padecimientos de salud, que sufre a consecuencia del dolor que le produce determinada enfermedad o discapacidad, por lo general no nos imaginamos a nuestros alumnos recluidos en un hospital (Cardone, S/F) [2] Esto responde a un determinado modelo de formación profesional en la carrera docente. En donde los educadores hemos sido formados para atender y acompañar a alumnos ideales, con todas las capacidades y potencialidades, y es por eso que se hace necesario admitir que no estamos preparados profesionalmente para adentrarnos en el trabajo pedagógico no convencional en el hospital.
Sin embargo más allá de las limitaciones a las que podamos estar enfrentados a nivel profesional, existe una realidad de atención pedagógica-educativa en los centros hospitalarios, lo cual ha generado que los mismos educadores y pedagogos puedan auto-capacitarse, comprender y desenvolverse dentro de estos espacios.
En este sentido De Lella (2002) citado por Cardone y Monsalve, (2010:52) establece que la formación es “el proceso permanente de adquisición, estructuración y reestructuración de conductas (conocimientos, habilidades, valores) para el desempeño de una determinada función; en este caso, la docente”
Esta formación debe estar dirigida hacia la creación de competencias profesionales que permitan desenvolvernos con facilidad y relacionarnos en el entorno sanitario, Cardone y Monsalve (2010:48) sostienen que:

“La disminución de la salud y la hospitalización, encierran dentro de sí una serie de situaciones y problemáticas que le son inherentes y por tanto, aumentan la complejidad del proceso educativo, exigiendo un desempeño profesional adecuado a la realidad específica del hospital.”

De este modo, se hace necesario incluir en nuestro maletín de competencias profesionales todo lo relacionado con la actividad pedagógica propiamente dicha (planificación, didáctica, evaluación, gerencia); así como también aquellas vinculadas al entorno médico (terminología clínica, patologías, enfermedades). Por último y no menos importante, manejar herramientas de ayuda psico-social, tales como: acompañamiento en procesos de duelo, las relaciones familiares, entre otros.
La acción pedagógica también demanda conocimientos y habilidades en el campo de  los valores éticos y morales, los cuales permiten transformar un simple hecho instrumentalista  a una acción significativa de acompañamiento al alumno.

4.1. La hospitalidad y el educador hospitalario

La hospitalidad se perfila, desde una perspectiva ética, como un valor humano y social. No es absurdo afirmar que los pedagogos hospitalarios ponemos en práctica con nuestro trabajo las dimensiones de la hospitalidad.   
Desde el momento en que recibimos a los alumnos-pacientes en el aula hospitalaria, fungimos de anfitriones, acogemos, valoramos y respetamos a cada uno de los niños, niñas y adolescentes que atendemos.
Recordemos que la acción educativa está marcada por el acompañamiento, entendida ésta como una opción fundamental que posibilita las relaciones entre el educador y el alumno, y es justo allí, en ese contexto relacional, donde se desarrolla la dimensión de hospitalidad.
El aula hospitalaria y con ello la actividad pedagógica, lúdica y recreativa representa, ante el dolor y el sufrimiento por la enfermedad, el único asidero que tiene el niño o adolescente para expresarse, posibilitarse y proyectarse. Tenemos que asumir que como personas estamos expuestos a experimentar dichos padecimientos en nuestras propias vidas.
Y es que a través del dolor y el sufrimiento, se movilizan las emociones y se concretiza el acompañamiento en la dimensión hospitalaria, tanto por aquel que lo sufre, como por quien lo contempla. Torralba (1992) Citado por Plá, (2007:28) nos dice que:

“el sufrimiento es maestro de virtudes. Y es maestro en un doble sentido: de una manera activa, por parte de quien padece un sufrimiento determinado y, de una manera pasiva, por parte de quien contempla el dolor del sufriente”

En este sentido, por medio del sufrimiento, la configuración y cuadratura que se realiza entre la persona que sufre y quien lo acompaña, se produce el descubrimiento de un nuevo mundo de valores humanos y éticos, de virtudes que puede generar un crecimiento tanto personal como social. (Plá, 2007)
Tenemos que afirmar que la formación profesional de los educadores que trabajan en el hospital, debe proveer este tipo competencias en el ámbito emocional y psicológico, ya que “se debe estar preparado para enfrentar situaciones que pueden cambiar la forma de conocer e interpretar el mundo de aquellos niños, niñas y adolescentes que experimentan una situación dolorosa y límite en su vida.” (Cardone y Monsalve, 2007:06)

4.2. El educador que acoge, acompaña y educa en el contexto de la enfermedad

Hemos hecho hincapié en las competencias profesionales que debemos poseer, los educadores hospitalarios, en torno al acto de educar en los contextos de la enfermedad y la hospitalización, sin embargo queremos afirmar que dicho acto pedagógico tiene sentido en cuanto que abrimos un universo de posibilidades desde el mismo momento de la acogida y el recibimiento de nuestros alumnos.
El acto de acompañar, guiar y caminar con nuestros alumnos con salud disminuida, redimensiona los significados pedagógicos. Hablamos de una acción enfocada en la persona humana, que sufre y padece una enfermedad, y que con ella, sufre todo el universo de acciones, valores y creencias de esa persona y su familia.
Es aquí cuando los educadores o pedagogos hospitalarios  debemos abrir ese maletín de competencias profesionales ya mencionado. Dándole sentido a la acción vital de acogida y del estar junto al que sufre.
Educamos cuando nos esforzamos porque nuestros alumnos aprendan las lecciones instrumentales y las lecciones básicas, pero educamos más cuando con nuestro ejemplo, nuestra cercanía y nuestro acompañamiento, hacemos sentir a la otra persona, que tiene sentido el sufrimiento, en cuanto que la posibilita y la dispone hacia una actitud positiva y centrada en la recuperación de la salud integral.

 

5. A MODO DE CONCLUSIÓN
El camino de formación y capacitación profesional de los educadores debe estar marcado por una formación técnica especializada, sin embargo no se debe dejar de lado todos los presupuestos teóricos y prácticos en torno a los valores humanos y principios éticos que deben regir la acción educativa.
De esta forma, deben generarse competencias diferenciales que ayuden al buen desempeño dentro del ambiente hospitalario, ya que se hace necesaria una formación especializada en este contexto educativo no convencional.
Esta formación especializada debe contemplar elementos primordiales de acercamiento a la persona que sufre una enfermedad, tanto en la acogida como en el acompañamiento cercano y sincero en el proceso de recuperación de la salud.

5.1. Educar en clave de hospitalidad

La solidaridad, el respeto, la tolerancia, la responsabilidad, el profesionalismo, la eficacia y la eficiencia, son valores humanos asociados a la hospitalidad, que no pueden ser olvidados y que deben ser considerados en la acción educativa-pedagógica del aula hospitalaria.
En este sentido, debemos valorar la hospitalidad como una dimensión  ántropo-ética, que debe incluirse como eje transversal en la actualización permanente de los educadores que trabajan en la atención pedagógica de niños, niñas y adolescentes con salud disminuida.
Hablando en términos de hospitalidad,  todo profesional que tenga como campo de acción la atención de personas con enfermedad, debe posicionarse como un anfitrión que recibe y acoge a aquel que sufre, en especial si es un infante o un adolescente en situación de salud disminuida.
Y es así que podemos concluir diciendo que, hablar de hospitalidad implica valorar a la persona humana y su dignidad indiscutible, mantener una actitud de apertura y acogida hacia los necesitados.
También implica respetar la vida como bien fundamental de la persona, contemplando mecanismos que la promuevan y superen la enfermedad desde un sentido digno y preventivo, en donde se pueda luchar contra el dolor y el sufrimiento desde una perspectiva ética que beneficie siempre al ser humano. (Carta de Identidad de la Orden Hospitalaria, 2000)


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Cardone, P. y Monsalve, C. (2007): ¡No soy un niño enfermo: Estoy enfermo! Disponible en:
 Cardone, P. y Monsalve. C. (2010): Pedagogía Hospitalaria. Una Propuesta Educativa. Caracas: Fondo Editorial Universidad Pedagógica Experimental Libertador-Asociación Civil El Aula de los Sueños

Lizasoáin, O. (2000): Educando al niño enfermo. Perspectivas de la Pedagogía Hospitalaria. Pamplona: Eunate

Lizasoáin, O. (2007): Hacia un modelo conjunto de entender la Pedagogía Hospitalaria. Disponible en:
 
Serradas, M. (2009): ¿Qué puede hacer el maestro por el niño hospitalizado? Una visión de la Pedagogía Hospitalaria. San Felipe

Plá N. (2007): Un acompañamiento a medida: perfil de una ética encarnada y entrañable. En Aulas Hospitalarias, reflexiones de la XVIII Jornada de Pedagogía Hospitalaria. Santiago de Chile: UNESCO-Fundación Carolina Labra

Orden Hospitalaria (2000): Carta de Identidad de la Orden, la asistencia a los enfermos y a los necesitados según el estilo de San Juan de Dios. Roma. Disponible en: Orden Hospitalaria (2004): Espiritualidad de la Orden, el camino de la hospitalidad según el estilo de San Juan de Dios. Roma. Disponible en: Violant V., Molina M. y Pastor C. (2009): Pedagogía Hospitalaria. Necesidades, ámbitos y metodología de intervención. Santiago de Chile: Ministerio de Educación

[1] El origen de la palabra hospitalidad deriva del vocablo griego Philoxenía que quiere decir amor por el extranjero y resulta contrario a Xenofobía que es rechazo por el extraño-extranjero.  (Carta de Identidad de la Orden Hospitalaria, 2000:25)
[2] Rescatamos la imagen del alumno sano y del alumno con enfermedad, parafraseando algunas ideas expresadas por Cardone (2009) en los cursos de inducción para estudiantes de educación que han  realizado en el Hospital San Juan de Dios-Caracas

Fuente: Papeles sobre Pedagogía Hospitalaria.



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